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Miércoles, 12 de Febrero del 2025

LEYENDA URBANA DEL SUBTE, LÍNEA A

LEYENDA URBANA DEL SUBTE, LÍNEA A

Jonathan estaba solo cuando presenció el horror. Pasadas las diez de la noche, algunos ramales y recorridos del subterráneo porteño quedan casi desiertos, y no es extraño encontrarse sin otra compañía que la propia sombra.

A sus veinte años, el joven regresaba a casa tras una larga jornada de trabajo y estudio, recorriendo la antigua Línea A, cuyas cabeceras actuales son San Pedrito y Plaza de Mayo. Como es sabido, esta es la línea más antigua del subte de Buenos Aires y de toda América Latina, inaugurada en diciembre de 1913. Conecta los barrios de Monserrat y Flores a lo largo de diez kilómetros, transportando diariamente a unos 250.000 pasajeros. Pero aquella noche, la historia de Jonathan se desarrolló en un tramo específico del recorrido: entre las estaciones Pasco y Alberti.

Era una fría y oscura noche de julio de 2011. Exhausto, Jonathan viajaba con los auriculares a todo volumen, sin imaginar que en apenas unos segundos su vida cambiaría para siempre.

Años más tarde, su relato llegó a mis manos.

—Hasta ese momento no tenía idea de la leyenda de la media estación. Solo quería llegar a casa, cenar algo y acostarme a dormir— me contó, con algunos años más, en una plaza de Buenos Aires. —Recuerdo el momento exacto. Pasé por la media estación abandonada, y las luces del vagón comenzaron a titilar hasta apagarse por completo. Entonces los vi. Aquellos seres espectrales que nunca pudieron encontrar descanso.—

Según la leyenda, durante la construcción de la línea ocurrieron varios accidentes fatales. El más conocido habla de dos obreros italianos que murieron aplastados por una viga. Para evitar problemas legales y económicos, la empresa constructora ocultó el incidente y canceló la construcción de una media estación entre Pasco y Alberti. A lo largo de los años, muchos aseguraron que, al viajar en los antiguos vagones de madera, podía verse a los fantasmas de los obreros de pie, al costado del túnel, observando con ojos negros y vacíos a los pasajeros. Se dice que intentan transmitir un mensaje, o quizás solo envidian la vida que les fue arrebatada, condenados a permanecer atrapados en ese rincón olvidado del subte.

Intrigado por el relato de Jonathan, decidí investigar por mi cuenta. Conversé con varias personas que a lo largo de los años también habían oído o incluso vivido experiencias similares.

Don Pedro (Vendedor de diarios en el subte): —Pibe, esta historia se cuenta desde hace décadas. Algunos dicen que los obreros están sentados en una estación que nunca se terminó, otros los han visto al costado de las vías. Hasta escuché una versión en la que aparecían dentro del vagón. Hay que tener cuidado con ellos.—

Francisca (Pasajera frecuente): —Llevo más de 15 años viajando en esta línea. He oído muchas historias, no solo la de los obreros, sino también la de una novia que se quitó la vida arrojándose a las vías. Una vez, cuando todavía usaban los vagones de madera, la luz se cortó en ese tramo y, por un instante, creí ver a dos hombres uniformados de pie al costado del túnel.—

Darío (Músico del subte): —Trabajo en varias líneas, pero la A tiene algo especial. El aire se siente distinto. Sé la historia de los obreros, pero prefiero no buscar nada raro.—

Aldana (Pasajera): —Desde chica puedo ver cosas que otros no. He viajado muchas veces por esta línea y, en más de una ocasión, vi a los obreros. Están atrapados en ese punto del túnel, tristes y solitarios. Pero no hay que temerles, solo son almas en pena.—

Después de escuchar estos testimonios, me aventuré a recorrer la línea. Sin embargo, la modernización le ha quitado parte de su esencia. Los vagones antiguos, con su aroma a madera y su atmósfera casi mágica, han sido reemplazados por otros más modernos. La iluminación es distinta y, con ella, el mito parece haberse diluido en el tiempo.

Las profundidades de la ciudad esconden innumerables secretos. Basta con pensar que, a metros bajo las calles de Buenos Aires, suceden cosas que desafían toda lógica. Novias espectrales, obreros atrapados en el tiempo, criaturas mitológicas y sombras sin nombre recorren los túneles oscuros, ajenos a nuestra realidad.

El subte porteño está lleno de historias, algunas felices, otras trágicas. Muchas de ellas ligadas a muertes espantosas y desapariciones inexplicables. Cada día, miles de pasajeros atraviesan esta ciudad subterránea sin pensar que, en sus vagones, los vivos y los muertos comparten el mismo espacio.